Brasil ha empezado a hacer uso de sus “créditos de carbono” para firmar acuerdos de implantación de tecnologías límpias, que ayuden a combatir el cambio climático.
Como todos sabemos, el protocolo de Kioto impone la obligación de reducir las emisiones de CO2, pero para los paises desarrollados esta reducción presenta un grave problema: La inercia. Los paises desarrollados cuentan con gran cantidad de infraestructuras costruidas hace décadas, así como con un gigantesco parque automovilístico, que son muy dificiles de modificar para que reduzcan sus emisiones. En muchos casos, a los paises desarrollados la adaptación al protocolo de Kioto les supondría demoler complejos industriales enteros (eso por no hablar del coste de sustituir todo el parque automovilistico).
Sin embargo, para aquellos paises que no se vean capaces de reducir sus emisiones, el protocolo prevee una opción alternativa: Financiar proyectos de reducción de emisiones en otros paises. Esta clausula aumenta el interes en las inversiones en paises en vías de desarrollo, puesto que el problema de estas naciones es precisamente la falta de infraestructuras; es decir, puesto que en las naciones en desarrollo las infraestructuras son nuevas, pueden crearse siguiendo criterios ecológicos y de sostenibilidad, todo ello con un coste mucho menor del que supondría reconvertir las infraestructuras en el mundo desarrollado.
Brasil ya se ha subido al carro y ha firmado un total de 102 acuerdos, que supondrán reducir sus emisiones en un 18% respecto a los niveles de 1994. El país con quién ha firmado mas acuerdos es Gran Bretaña, con 24 acuerdos, seguido de Holanda con 18 y Japón con 8.
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